“Mamá, estoy aburrido”

¿Tu hija o hijo repite esta frase hasta provocar que el aburrimiento se transmita a quien la oye?

¿No encuentras la paciencia necesaria para cambiar la respuesta de: “cómprate un mono”?

¿No sabes por qué se aburre si tiene a su alcance todo lo que no tuviste tú?

Te proponemos un viaje a través de sus ojos, te proponemos olvidar por unos momentos las dificultades de nuestro día a día y que os calcéis unas deportivas del número 34.

Nuestro pequeño o pequeña empieza la semana el lunes temprano, va a su lugar de trabajo, EL COLEGIO.

¿Qué es el colegio para nuestro hijo?

Vamos a plantearnos ahora, desde la lejanía de los años, qué significa el colegio y cómo está organizado.

El colegio es un pilar fundamental en el desarrollo de todos los niños. Allí aprendemos mucho, pero, ¿qué aprendemos?

Tenemos una concepción en la que asumimos que, la escuela, es ese lugar donde los niños adquieren los conocimientos necesarios para convertirse en adultos provechosos para nuestra sociedad, y así es, pero al contrario de lo que pensamos, no son las matemáticas básicas o el conocimiento de la lengua castellana la que nos forma para afrontar el futuro sino, la dinámica de trabajo.

La escuela te prepara para ser un trabajador recto, organizado y que cumpla la jornada dispuesta.

El colegio dura muchísimo, 14 años. 14 años cumpliendo una jornada laboral que dura casi tanto como la de un adulto, de lunes a viernes, en horario diurno. 6 horas diarias durante estos 14 años para adquirir los conocimientos necesarios. Si hacemos memoria, sólo recordamos los básicos, el resto del tiempo entonces, ¿para qué? ¿qué aprendemos durante tanto tiempo? ¿qué nos enseñan si no recordamos el 80% del contenido que aprendimos?

Aprendemos a trabajar.

Aprendemos a cumplir un horario para conseguir un objetivo, tenemos que asistir al mismo lugar, las mismas horas, los mismos meses del años, con las mismas personas, sin preguntarnos por qué, sólo para conseguir el objetivo de:

Aprobar para pasar de curso o,

Un salario que nos permita vivir y llevar a nuestros hijos e hijas al colegio.

Tenemos 8 años, estamos rodeados de juguetes, de nuevas tecnologías que aíslan a un número considerable de niños y niñas, nuevas tecnología que usan muchos padres y madres para mantener a nuestros amigos lejos del aburrimiento que nos invade constantemente y conseguir la paz después del trabajo.

El colegio nos aburre, en estos 4 años que llevamos cumpliendo horarios y siendo fieles a las tareas para casa, las actividades en clase, el silencio durante 6 horas, la recompensa de la buena nota ha dejado de ser suficiente.

Existe un porcentaje de niños y niñas conscientes de que el colegio no está pensado para llenar el espacio de inquietudes que tienen, pequeñas personas que necesitan del contacto físico, de comunicarse con otros iguales mayores que entiendan sus preguntas y que les den esa motivación necesaria para sobrevivir al aburrimiento. Estos niños puede parecer nerviosos, “madreros”, pueden dejar de cumplir responsabilidades que hasta el momento tenían asumidas, pueden tener problemas de conducta en la escuela, problemas con otros niños, problemas en casa porque nada de lo que tienen les exprime.

El sistema educativo actual, desde el colegio hasta la televisión, desde los amigos e iguales hasta la educación en el hogar, presenta una serie de carencias que muchos de nuestros pequeños empiezan a padecer tan pronto que no encontramos la razón de por qué su hijo o hija no es como los demás.

Las emociones no se trabajan, no enseñamos a expresar sentimientos como la ira, los celos o la envidia, tendemos a infravalorar las emociones y las reducimos al “te quiero mucho”, incluso las convertimos en tabú dentro del hogar, lo hacemos con la buena intención de proteger a los más pequeños de nuestros problemas emocionales.

 

El espacio para la creatividad acaba en la escuela, nuestros hijos e hijas no tienen la oportunidad las-emociones-de-los-superdotadosde expresar sus capacidades, desde que entran al sistema educativo hasta que salen no pueden expresar y potenciar sus habilidades.

Si va mal en matemáticas le damos clases de apoyo, si va mal en inglés, le ponemos otro profesor por las tardes, sumando así a las 6 horas y los ejercicios de clase, otra hora lectiva más.

En cambio, si nuestra pequeña tiene habilidades comunicativas especiales, se expresa como un adulto, es capaz de dibujar mucho mejor que los demás, se le dan especialmente bien los números, nos conformamos con las buenas notas y nos sentimos orgullosos de su trabajo. No nos planteamos un curso de literatura, pintura o expresión corporal, por otro lado, alternativas que parecen inexistentes comparadas con deportes.

Como padres y madres tenemos la obligación de cubrir las necesidades básicas de nuestros hijos, por ello, es fundamental empezar definiendo cuáles son.

Las necesidades básicas no terminan en la comida, médico, ropa y casa, las necesidades básicas abarcan, además,  los recursos para potenciar las habilidades, la comunicación necesaria para crecer emocionalmente sanos, el enfrentamiento a problemas reales para prepararlos en el largo camino que les queda por andar y, sobre todo, la estimulación e información para que perciban la realidad tal y como es, con sus problemas y sus ventajas, para que sean partícipes de su día a día, que aprendan a ser críticos con lo que les rodea, que comprendan las obligaciones como un medio para desarrollarse y el tiempo como un bien valioso que tienen que gestionar por sí solos.

 

Jugar más y trabajar menos, leer más y realizar menos actividades, compartir más tiempo con otros niños y adultos y estudiar menos. Nuevas alternativas extraescolares sumadas a las ya establecidas, alternadas en el tiempo. Todo ello, coronado con la mejora en la comunicación con ellos, una comunicación sincera, de igual a igual, que posea la autoridad para reconducir y la complicidad para compartir.

Estas son la claves para que el aburrimiento pase a mejor vida.