Nuestros hijos y la separación matrimonial ¿cómo les afecta?

¿Cómo debemos afrontar este proceso? 

¿Qué estrategias debemos seguir para que la familia supere este trámite de forma satisfactoria?

Las familias han evolucionado, la concepción actual de familias no se ciñen a un único modelo, podemos encontrar diferentes tipos, cada una con sus características y necesidades específicas.

Un modelo al que nos referimos es el de matrimonios separados con hijos. La separación matrimonial constituye un hecho común en nuestra sociedad moderna, muchos de estos casos se producen con hijos. Sin duda, éstos son los que se encuentran en mayor riesgo de no salir indemnes del proceso. La separación de los padres puede suponer un antes y un después en el desarrollo psicosocial del menor, por ello debemos disponer de las herramientas necesarias y poner en práctica los mecanismos de afrontamiento oportunos, tanto de forma individual como en familia.

La separación es vivida por los hijos de forma diferente, comúnmente, los sentimientos que experimentan son: frustración, culpa, tristeza y soledad. Estos sentimientos provocan en el menor un estado de ánimo alterado, que se manifiesta de diferentes formas. Algunos pueden volverse agresivos y presentar problemas de conducta, otros reflejan tristeza y desidia por las actividades rutinarias. En ambos casos el nivel de estrés que experimentan puede modificar su conducta afectando seriamente a su desarrollo normal. El entorno juega un papel primordial para que el menor sea capaz de afrontar de forma adaptativa todos estos cambios.

Resumiremos en 3 puntos cómo abordar la separación con los hijos.

1- Hacerlo de forma conjunta:

En un sin fin de casos encontramos que los hijos cuentan con un relato ambiguo y falseado procedente de ambas partes. Resulta fundamental, que tanto padre como madre tomen la decisión de explicar a los hijos de forma conjunta y de mutuo acuerdo lo que sucede. El menor podrá de este modo tener la certeza de la realidad, al mismo tiempo que evitamos añadir, al estrés que supone el cambio, incertidumbre por saber las causas  y qué va pasar desde ese momento. Es primordial aparcar las diferencias por el bien emocional de nuestros hijos, dándoles una versión veraz, sincera, conjunta y con tintes positivos, haciéndoles ver que ambos pensáis en él de la misma forma. El menor tiene que ver como algo natural los conflictos entre los padres, no sentirse partícipe, tener una visión real del presente para que sus expectativas se amolden a la realidad futura.

2- Identificar y dar respuesta a las emociones que nuestros hijos muestran:

Como comentamos anteriormente las respuestas de nuestros hijos pueden variar. Poder identificar las emociones y los estados de ánimo depende, principalmente, de la COMUNICACIÓN.

La comunicación es nuestra principal herramienta, saber escuchar, prestar la atención necesaria y hacer hincapié en los sentimientos, va condicionar la forma en la que nuestro hijo afronte la separación.

3-Reforzar las conductas positivas:

En muchos casos, cuando no se procede de forma adecuada desde el inicio de la separación, es común encontrar niños y niñas que adoptan un role de tiranía frente los padres, asumen el papel de víctima y aparecen comportamientos disruptivos como son: omisión de responsabilidades en lo académico, conductas negativas con los iguales y en casa, chantaje emocional con una o ambas partes, etc.

Llegado este punto, una vez más, se  hace fundamental que todo su entorno educativo siga una misma línea de intervención, es decir, que todos los responsables den la misma respuesta a las conductas que presente el menor.

nuestros hijos y la separación matrimonial

No actúes como si la silla estuviese vacía

Tenemos que ser precavidos, tratar de derribar la barrera emocional que hemos levantado con nuestra separación frente a él, no contribuir a reforzarla.

La comunicación debe de ser principalmente de carácter afectivo, mientras que las respuestas a sus conductas deben de tener un carácter autoritario por todas las partes. De este modo conseguiremos reactivar los lazos de afectividad y autoridad que nos permitan reconducir las conductas de nuestro hijo o nuestra  hija. Premiar la comunicación con más comunicación y el afecto con más afecto frente al castigo por las conductas negativas resulta, en nuestro parecer, más efectivo en la mayoría de los casos.

Esta descripción a grandes rasgos de lo que sucede durante un proceso de separación debe servir como orientación, no puede ser inferida a todos los casos, cada caso es único, y requiere de una intervención personalizada.

Termino con una frase que debe de ser la guía cuando afrontamos dificultades con nuestros hijos:

“Con cariño y con amor, lo que hacemos, lo hacemos mejor”

…incluso separarnos.